jueves, 30 de octubre de 2008

La Escocia Española

Como sabéis, este año he decidido nacionalizar el color de las pegatinas de mi bolsa de viaje. Tras 2 años de continuos viajes por la vieja Europa, este año me estoy dedicando a conocer mi querida España.

Esta vez, y como viaje estrella, he puesto mis pies en Cantabria y Asturias en Julio de 2008. Me he dado el gusto de conocer lo que, desde ya, he tenido a bien dar el nombre de “Escocia española”.

Iba con el espíritu abierto a un sin fin de sorpresas. Sin ningún tipo de idea preconcebida (como he descubierto que hay que disponerse ante un viaje a lo desconocido), pero esta tierra ha colmado mis expectativas y las ha superado.

Dar unas vueltas por Asturias y Cantabria es hacer un viaje a la naturaleza, a lo tradicional, a la España profunda. La indescriptible sensación de, simplemente, contemplar el cauce de un río a lo largo de su paso por un pueblo milenario, y poder acompañarlo, como hace siglos lo hacían los nativos, se clava en tu alma y ya, de seguro, no te abandona.

Es Cantabria, pese a su cercanía, muy diferente de Asturias. La primera, toda ella de piedra, desprende un olor a folclore y tradición indescriptible. Bellos y pequeños, pequeñísimos, pueblos que sorprenden al viajero por su sencillez y sobriedad. Lugares de ensueño, en los que, como en un cuento de místicas hadas, acaba la carretera, teniendo que seguir el camino a pie, mimetizándote con el paisaje. La segunda, toda ella mágica y ancestral, rebosa misterio y superstición. Es aquí donde “Xana” nos vigila, donde nos ofrece sus tesoros y su locura. Es aquí donde el “Papón” roba a los niños de noche. Es aquí donde los duendes, trasgos y demás seres de fantasía cobran vida y aparecen ante nuestros sorprendidos rostros. Y bañándolo todo, como si no fuera suficiente, un continuo sabor a sidra en el paladar tras cada sorbo de aire que se da.

No ha faltado en este viaje la aventura. El descenso del Sell@ (ay, la PCT me persigue), espectacular, indescriptible, irrepetible. La ruta en quad en Cangas…, no tengo palabras, una gran experiencia. La subida a los picos de Europa, ya desde la escarpada Fuente De o desde el camino que lleva a los lagos de Covadonga…, un paseo por las nubes…

Pero sin lugar a dudas, todo esto se quedaría, de seguro, en la mitad si no hubiera sido compartido por la compañía que he tenido. Por un lado mi mujer, ¿como no? Por otro lado dos grandes amigos, Javi y María José. La convivencia en estos casos construye lazos que espero sean irrompibles. Ese codo con codo ante un cubo de cocido montañés. Ese sufrimiento ante las montañas de garbanzos del cocido liebanés, inacabables montañas… O esos cruces de miradas al descubrir lo nunca visto…, un lugar en el que se podía degustar un menú de 8 platos por 15 euros…, y la salida airosa de los dos compañeros ante tan magno logro de acabarlo…(deberíais haber visto la cara de incredulidad de los camareros).

Todo ello, por si solo, hubiera hecho de este viaje algo inolvidable para el resto de la vida de este que os escribe; un almacén de buenos recuerdos al que acudir en momentos de necesidad. Pero lo mejor, como dice el presi, aún estaba por llegar. No se había acabado la aventura… Y es que, según he sabido días después de volver, además de todos esos recuerdos me he traído algo mucho más importante de este viaje, un trozo de mí que tendrá conciencia propia (mejor que la mía espero), me he traído un nuevo futuro, una nueva esperanza, una nueva vida…

Visita el album del viaje

1 comentario:

Carlos dijo...

Como se suele decir, cuando tratamos a nuestra tierra con cariño, ella nos da su fruto.
Lo que la tierra de las gaitas y las highland, la tierra de la pasta y la pizza, y la tierra del amor "mon amour", no te han dado, te lo ha dado tu tierra natal "España", con sus fabes, demás cocidos, sus chacinas (incluido el jamón), sus sabrosos mariscos y sus maravillosos quesos y como no todo ello regado siempre con unos caldos de primer nivel.
Ahora tienes tu recompensa, jamás podrás olvidar este viaje, y ningún otro que hagas te dejará tan insuperable recuerdo vayas donde vayas.


Carlos Feria "El tío del futuro, y digo bien futuro, porque a día de hoy ya se que no es futura sino futuro".